En memoria de Robert K. Merton Por Mariano Hernán Gutiérrez

El 23 de febrero de 2003, a los 92 años, murió Robert Merton. Uno de los sociólogos más importantes del siglo y cuyo aporte en el estudio de la cuestión criminal fue de un peso decisivo para el desarrollo de esta pretendida “ciencia” de la criminología, particularmente de su inscripción en el ámbito de las ciencias sociales y su deslegitimación en el ámbito de las ciencias naturales. No fue Merton el primero en hacer de la cuestión criminal un objeto de estudio sociológico. Pero con su obra “Teoría y Estructura Social” (1949) da un vuelco al rumbo al que parecía destinada la criminología en el siglo XX.
Su propuesta, que nace a partir de profundizar el concepto de “anomia” de Durkheim y que se enmarca en el funcionalismo propio de éste, podría resumirse en que la mayoría de las trasgresiones pueden explicarse como un problema de combinación de dos variables: la presión social hacia un hombre por conseguir determinadas metas (valores que suelen ser comunes al grupo social) y la amplitud de los medios legítimos para obtenerlos. A través de esa combinación de variables y de los resultados que producen en cada caso, se puede entender la producción de un sujeto “innovador” (delincuente por ambición), de un adelantado moral, de un “rebelde cauteloso”, de un retraído (perdedor resignado), de un ritualista, etc.
Merton introduce con sus conceptos la primera crítica a un sistema político desde la criminología, denunciando en Estados Unidos la fuerte presión social por el ascenso (en general mesurable monetariamente), y los medios desiguales para lograrlo. Además introduce en su teoría conceptos que -junto con los de la escuela de Chicago- darán lugar al estudio de las subculturas.
Merton se encargó de aclarar que su teoría era sólo de alcance intermedio, y que trabada de crear un instrumento que sirviera para conectar las grandes teorías sociológicas (Durkheim, en su caso) al estudio de los casos empíricos. Aunque con el desarrollo de posteriores escuelas radicales y críticas, muchos de los alcances de su obra puedan ser puestos en duda, con su propuesta analítica, tiene el gran valor de aportar un método científico -y por lo tanto el valorable status de cientificidad- al estudio empírico del crimen (o la trasgresión) como un problema netamente social.
En definitiva, entre otras cosas, la teoría de Merton, introduce (aunque limitadamente) el conflicto social estructural como elemento del estudio del crimen. Tiene también el mérito de abrir el estudio de la criminología a variedad de situaciones complejas en la relación entre el individuo, la sociedad y el estado (o la legalidad), que no se pueden reducir a la naturalización simplista de “criminal nato”.  Merton es quien termina de poner el foco de la explicación criminal (y aún de la trasgresión impune) en la estructura social y no en supuestas causas individuales del sujeto criminal. Aleja a la criminología del moralismo etnocentrista en que se estaba encerrando. Y abre la posibilidad de la investigación empírica de la trasgresión, lo que pocas explicaciones sociológicas habían logrado hasta entonces.
En definitiva, tiene el valor de relativizar (o terminar de relativizar) la categoría de delito como una definición social y variable (alejándola de todo moralismo), y además darle a esto status y método científico. Es gracias a Merton que la sociología termina de ser escuchada al ocuparse de la cuestión criminal. Y por ello, todas las teorías sociológicas y políticas posteriores que hablan de la cuestión criminal alejándose de los reduccionismos del positivismo biologicista pueden considerarse herederas (aún herederas rebeldes) de su aporte.
Su estilo de escritura es práctico y sencillo, pero despierta el pensamiento a la complejidad y lo aleja de los moralismos fáciles. Por ello el mejor homenaje que les pueden rendir estas líneas es inquietar al lego que se acerca a esta página a descubrir al crimen como un complejo problema social -que, por tanto, no puede ser entendido ni tratado con políticas autoritarias simplistas.

[*] El autor Mariano Hernán Gutiérrez es abogado (UBA), magister en criminología (UNLZ) y doctorando por la Facultad de Sociales de la UBA. Defensor auxiliar de la Defensoría General de la Nación. Investigador del Instituto Gino Germani desde 2003. Ex-profesor adjunto de derecho penal en la UNLZ, y actualmente docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en la maestría en criminología de laUNL, y en la Escuela de Servicio de Justicia, entre otras universidades. Autor de “La necesidad Social deCastigar” y compilador de “Lápices o Rejas: pensar la actualidad de la educación en contextos de encierro” y de “Populismo Punitivo y Justicia Expresiva” entre otras obras. Miembro del Programa de Estudios del Control Social (PECOS) del Instituto Gino Germani, e integrante de la Asociación Pensamiento Penal.

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