ISSN 1853-1105





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La criminología italiana durante el siglo XIX: su consolidación y sus autores
Por Marcela Parada Gamboa

Con el desarrollo de la filosofía experimental a mediados del S. XIX, frente al estudio biológico y psicológico del hombre, se formó un medio adecuado intelectualmente en el cual los fenómenos de la criminalidad se establecieron como un aspecto particular. Debía producirse un movimiento científico, en palabras de Ferri “en donde se analizará la patología social en las manifestaciones de la criminalidad, haciendo desaparecer el contraste entre la teoría de los delitos y las penas y la realidad de los hechos cotidianos”[2]

 

Si bien Beccaria y su libro cumbre, trataron de crear un fin práctico para la disminución de las penas del Estado, y en gran medida la supresión de las mismas reaccionado legítimamente contra el empirismo propio de la Edad Media. “Con Carrara y los más representativos autores modernos se ha cerrado el ciclo que había abierto Beccaria, obras que en vano buscaron disquisiciones jurídicas abstractas”[3]. Los postulados Positivistas en una crítica a la Escuela Clásica, comenzaron a legitimar todos sus conceptos en aras de mantener el orden social, debido a que con el aumento de la criminalidad de la época, con las masas de desempleados rondando por las ciudades Europeas y con la poca efectividad que demostraron la aplicación de algunas penas a determinados delincuentes, estos autores se sintieron justificados para ejercer un análisis biológista a la sociedad de entonces.

 

1.1. SU APARICIÓN

 

Uno de los aspectos más importantes para generar las condiciones de una ciencia, y sobre todo la criminal, es el rotundo fracaso de la mayoría de las instituciones para detener el problema criminal. El nacimiento de la antropología criminal, en especial de la escuela positiva italiana, se justificó como “una reacción dentro de las ciencias penales contra el individualismo, fruto de la filosofía del siglo XVIII[4]”. Su origen moderno puede remontarse a Bacon por su formulación organicista, que para el S XIX correspondió a Comte, este, tomando conceptos del darwinismo y estableciéndolos arbitrariamente al ámbito social, crea la Sociología[5].

 

La crisis que sacudió al capitalismo, la actividad de los sindicatos, los temores de la guerra, el incremento de la pobreza, y otros problemas sociales que se agravaron en toda Europa, exigieron una ciencia que fuese efectiva para mantener el orden y el control dentro de la sociedad. Fue así que las ideas evolucionistas de Darwin y Spencer, la filosofía de Saint Simón y el método positivista de Comte cumplieron permanentemente con la necesidad de explicar el accionar del Estado para restablecer el orden.

 

Esa realidad que se estaba viviendo ocasionó para el derecho penal liberal una incapacidad para interpretar la realidad conflictiva. Fue necesario, dar paso de manera urgente a otras ideas y métodos de aplicación, que permitieran una mayor intervención del Estado, en relación no solo con el problema criminal, sino también frente al campo político, económico y cultural. Era el nacimiento de un Estado intervencionista fundamentado en la defensa social[6]. De esta manera la ineficacia de las penas, el número creciente de la reincidencias, el contraste peligroso y en ocasiones hasta absurdo de la psiquiatría y las teorías místicas sobre la responsabilidad moral del hombre, la exageración o detención en el desarrollo de las formas de procedimiento, la introducción de ritos anticuados, ocasionó que “la consciencia colectiva reclamara un remedio científico y legislativo”[7]

 

“Se transformó por ejemplo, la forma de tratar la locura: la medicina mental como se llamaba entonces, se comenzó a estudiar sin discusión y las decisiones de los médicos eran acogidas con la deferencia que se le otorga a las afirmaciones científicas demasiado jóvenes sin ser sometidas a la prueba de contradicción”[8] .El hospital se convirtió en un lugar de formación y confrontación de los conocimientos. Dejaron de establecerse por medio de la jurisprudencia una serie de circunstancias que calificaban el acto del hombre y modificaban sus reglas. El individuo era un sujeto que se le podía medir, juzgar, comparar, era un individuo al que se le normalizaba, excluía y clasificaba[9].

 

Había entonces que racionalizar las desigualdades generadas por la crisis del capitalismo y replantear el concepto de libertad otorgado por el liberalismo. El racismo jugó un papel central: “los pobres eran pobres porque eran biológicamente inferiores”[10]. Se pretendía subordinar al hombre cómo célula del organismo social y justificar el poder como producto de la evolución orgánica[11].  Estas formulaciones ayudarían a reforzar una ideología que giraba en torno a la superioridad como resultado del evolucionismo y que justificaba las desigualdades “normales” en una sociedad que desde finales del S XVIII se proclamaba igualitaria. “Como en la selección o eliminación de los débiles e inadaptables se realiza la suprema ley de la vida, los eliminadores o supresores violentos no hacen más que acelerar la obra violenta y perezosa de la naturaleza: abandonan la marcha de la tortuga por el galope del caballo”[12]

La teoría de la evolución se generalizó no solo en los aspectos del Darwinismo social sino en la eugenesia en diversos planos[13]. La teoría evolucionista de un modo mucho más global en el campo del progreso de la sociedad, se armó de un campo operativo ligado a “dispositivos de saber –poder” que “ponen en funcionamiento conceptos como degeneración, retardo, malformación, estigma anatomopatológico, animalidad. Precisamente como construcción ideológica científica, en una relación intrínseca entre medicina y derecho”[14]

Ya no era el espíritu de la humanidad que avanzaba tardíamente, sino la raza humana que pasaba de un estadio teocrático: el del libre albedrío, a un estadio metafísico de superioridad biológica[15]. Fue en el campo de lo superior en donde la sociedad respondió a la criminalidad, por una parte, con un modelo expiatorio y por otra con un modelo terapéutico para defenderse del individuo peligroso, del inferior, del criminal[16]. El ser humano había sido degenerado biológicamente y establecido en una escala social de acuerdo a su naturaleza. La manifestación del crimen era producto de todos aquellos inferiores, todos aquellos marginados tendientes a la mano de obra barata, la mendicidad o la locura[17].

El discurso racista no fue otra cosa que la invención hacia finales del S XIX, del concepto de la guerra de las razas; la aparición de un discurso sociobiológico que tenía en sus fines el conservadurismo social y en menor medida la dominación colonial[18]. El Estado se transformó convirtiéndose en el protector de la superioridad de la raza pura. “El racismo nació cuando el tema de la pureza de la raza sustituyó al de la lucha de clases”[19], este racismo fue un arma de tipo biológico y científico que legitimo el Estado.

 

Fue en Italia en donde surgió la Criminología Positiva no solo por su tradición legal desde los romanos, sino también por la situación política de ese entonces. Se hablaba de “Il Risorgimiento”, como movimiento político de unificación e independencia de Italia. Esa unificación trajo una notable división de atraso para ese país, debido a que existía una Italia del norte con un gran desarrollo económico para Europa y una Italia del sur con una economía agraria muy pobre[20].  Fue necesario buscar una ciencia que permitiera y justificara ese atraso. Los pensadores Italianos vendrían a cumplir este papel: Lombroso, Ferri y Garófalo explicaron la situación de disparidad a través de sus teorías biologistas y peligrosistas.

 

1.2. LOS AUTORES DE LA ESCUELA POSITIVA Y LA ANTROPOLOGÍA CRIMINAL.

 

La criminalidad entró a ser explicada con planteamientos de carácter científico, en donde se realizaba una separación entre el individuo adaptado y el delincuente. La persona que estaba adecuada a las normas sociales juzgaba a la persona distinta, creando no solo como se vio durante la Escuela Clásica: dicotomías entre lo bueno y lo malo, sino dicotomías entre lo normal y lo anormal. Se creó una condición en donde aquella persona normal, adaptada, ejercía una posición de autoridad frente a la persona del delincuente.[21]

 

El concepto de racialismo puede encontrarse con Lombroso, Ferri y Garófalo que fundamentaron una concepción sociobiológica del crimen, en lo que en sus inicios se entendió como antropología criminal. Fue una construcción que llevó a fundar un monstruo humano estigmatizado anatómica y psicológicamente, relacionado al hombre delincuente[22]. Aquí, la sustitución de una prisión o un hospital por el principio homogenizador de la sociedad, es decir por el de la normalidad del ser humano, llevó a que la misma sociedad de la mano de estos autores, creara en reacción al criminal-anormal un modelo expiatorio y otro terapéutico, para defenderse del individuo peligroso[23].

 

La antropología criminal se dotó de una serie de estigmas y signos anatómicos, con el fin de fundamentar una teoría de los rasgos atávicos que evocaban un pasado simiesco que partía del cráneo. El problema de la degeneración fue volver al ser humano a la animalidad. Una tendencia que en primer lugar era tenida en cuenta por la antropología criminal y en un segundo orden por la Psiquiatría naciente, que trató de situar el cuerpo humano en un asidero orgánico y anatómico de los trastornos psíquicos, “mediante la lectura de signos patológicos y determinación de diagnósticos del peritaje médico.[24]

En todo este andamiaje y para el caso del poder judicial legitimado por medio del discurso biológista, encontramos a médicos legistas, como Lombroso[25].  Médico de la Universidad de Pavía de 1858[26], su pasión por la psiquiatría y la antropología nació de sus estudios en dicha universidad y se incrementaron cuando regresó para el año de 1860 luego de haber participado en la guerra contra Austria. Después de sus reconocidos estudios sobre la pelagra, en 1876 publicó lo que sería su obra cumbre: El hombre delincuente. Lombroso tuvo el propósito de interpretar de un modo nuevo la historia, destacando el influjo existente entre los hombres inferiores y superiores[27]. 

La creciente fama de Lombroso le trajo consigo autores que compartirían sus ideas. Enrico Ferri sociólogo de profesión, conoce a Lombroso para el año de 1878, hombre que fue tratado por Lombroso “como su amigo, su hermano, su hijo, a ratos como un padre”[28] Ferri, conoció a Lombroso como pocos, esto le ocasionó desarrollar sus planteamientos y representar a la Scuola positiva como su máxime figura. Egresado de la Universidad de Bolonia como abogado, en el año 1878 publica su tesis titulada “La imputabilidad y la negación del libre albedrío” trabajo donde se concentraron las ideas más importantes de la doctrina positivista. Su obra más reconocida para algunos autores -entre sus innumerables publicaciones- es “Sociología Criminal”[29], en esta obra se pueden encontrar la aplicación del método positivista, las investigaciones realizadas en relación a los delincuentes, entre otros.

 

También se acercó a Lombroso, el jurista Rafaele Garófalo. Estudió jurisprudencia en la Universidad de Napoli y se desempeñó como magistrado y presidente del Tribunal de Casación.  En 1885 publicó “Criminología,” allí se encontrarían los conceptos de temibilidad y peligrosidad. Para el año de 1880 se fundó la revista de Lombroso denominada “Archivo de Psiquiatría, Antropología criminal y ciencias penales para servir al estudio del delincuente” estos autores tuvieron en esa revista sus primeras publicaciones.  1885 sería el año cumbre que presentarían todos los planteamientos que había trabajando, en el Primer Congreso de Antropología Criminal celebrado en la ciudad de Roma[30].

 

Este congreso inicialmente recibió el nombre de Congreso de “Antropología criminal, Biología y Sociología” allí se discutieron los planteamientos del “Hombre Delincuente” de Lombroso en relación al criminal nato. “Dos años después, al reeditarse el hombre delincuente aparecerían dos trabajos, uno de Garófalo sobre criminalidad y el otro de Ferri sobre defensa social que servirían de base para la nueva escuela. Garófalo destacaba la temibilidad como criterio fundamental para que la sociedad se defienda del delito; Ferri a su vez, negaba el libre albedrío a favor del determinismo”[31]

 

1.2.3. Cesare Lombroso

El agresivo pobre de Europa —indisciplinado y huelguista— era "malo" y, por ende, "feo". No importaba, en el fondo, la " r a z a " sino que era antiestético, y esa fue la imagen que se proyectó públicamente sobre la burguesía central en los folletines de la época y que internalizaron sus policías y jueces al tiempo que reprimían las huelgas y eran agredidos por atentados anarquistas. “La "fealdad" del pobre era la que regía el estereotipo con el cual salían las "perreras" a dar caza a los enemigos de la burguesía y a enjaularlos en sus cárceles o en sus manicomios[32].”  Estas palabras de Zaffaroni ilustran muy bien el campo en el que el Judío Lombroso se movería para crear la teoría del criminal nato.

 

1.2.3.1. La teoría Lombrosiana

 

LOMBROSO nos legó el cuadro más completo que jamás se haya trazado de un estereotipo criminal, describiendo con curioso preciosismo todas las condiciones y características que en su tiempo hacían vulnerable a una persona al sistema penal[33]. 1870 es el año en que realizó la autopsia de Vilella, hombre de 70 años, que luego de escapar de la justicia Italiana y tras morir, fue llevado a Lombroso para su estudio. Al abrir el cráneo encontró en el occipital “y justamente en el sitio en que se levanta ordinariamente la pequeña cresta, una cabida a la que llamó “foseta occipital media”, parecida a las que se presentan en los pájaros,”[34] destinada a recibir una tercera parte del lóbulo medio, pero que no se encuentra en los animales superiores, salvo en el período fetal de los tres o cuatro meses. Lo encontrado fue una rara anomalía que nunca volvió a ver Lombroso, pero fue la luz que terminó prendiendo toda su teoría.

 

Al recopilar información, estableció que una de las principales maneras de identificar hombres delincuentes era mediante la foseta occipital media, es decir que por medio del cráneo se establecían ciertas similitudes con seres inferiores que determinarían si un hombre era o no criminal. Haciendo una relación de los delincuentes con los animales inferiores y con el hombre primitivo. “La anomalía que pudiera decirse es la más característica y ciertamente más atávica en los criminales: el hoyuelo medio occipital”.[35] Al aplicar la fotografía al estudio del criminal, encontró en 6 asesinos y otros tantos (no especificando su número) de terribles asaltadores de camino, un parecido de características exageradamente mórbidas que distinguen al hombre salvaje: senos frontales muy pronunciados, mandíbulas de gran volumen, órbitas demasiado grandes y separadas unas de otras, asimetría del rostro y un exagerado apéndice de mandíbulas[36].

En el manicomio de Pésaro en 1871, fue en donde a través de elementos de observación y análisis de los criminales que allí reposaban, estudió no menos de 400 casos que le permitieron construir su teoría del hombre delincuente y poner fin a la dicotomía de cómo tratar a los locos y a los delincuentes, resolviéndola así: si ambos son idénticos debían ser igualmente tratados. De estos estudios nacería lo que se ha conocido en la historia como el tipo de criminal nato. Este tipo de criminal nato comprendía el loco moral[37] y el criminal epiléptico, en donde compartían una misma característica temperamental: la ausencia congénita del sentido moral e imprevisión.

 

Fue así como el atavismo, se manifestó por una serie de estigmas presentes en todo criminal nato y se exteriorizó en todos los factores craneales, anatómicos y mentales. Lombroso en otro estudio realizado a 25.000 criminales, cita la existencia de 15 factores degenerativos, dejando la degeneración humana con la presencia de tan solo 5 factores de los 15 anunciados. En el 65% de estos individuos, halló la reunión de estos últimos factores, llevando según este autor, a explicar la relación existente entre los trazos del carácter y las disposiciones criminales antisociales de los hombres delincuentes.[38]

El delincuente nato podía caracterizarse en tres aspectos: el físico, el fisiológico y el sicológico. El primer aspecto: el físico, el criminal nato se caracterizaba por tener enormes mandíbulas, pómulos prominentes, orejas salientes. La hiposensibilidad dolorífica y la agudeza visual correspondían al aspecto fisiológico. Por último, dentro del campo sicológico se notaría en el delincuente una gran falta de sensibilidad moral, es decir de sentimientos por la vida, de tener consigo un gran impulso de matar, de ser imprevisto en los crímenes que realiza[39].

 

La locura moral no debe confundirse con la división que planteaba acerca del delincuente loco. Esa división fue trazada a partir de algunas sugerencias que hiciere Ferri en su momento y que aquí no se tratarán por encontrarse mejor explicadas en la teoría Ferreriana[40]. En el delincuente nato, Lombroso desarrolló una serie de divisiones en torno al criminal: el delincuente habitual; el delincuente de ocasión; el delincuente pasional y el loco. El criminal menos peligroso se encontraría en el delincuente por ocasión influido por las condiciones externas que lo llevaban cometer el delito, mientras que en los demás delincuentes predominaba el factor endógeno o hereditario.[41]

En la medida que aumentaran las condiciones favorables para las personas, estas se alejarían del delito, esto fue presentado como una de las mayores contradicciones en el pensamiento Lombrosiano debido a la explicación material y económica de evitar los delitos. Lombroso estableció que la criminalidad se ocasionaba para los delincuentes natos por la lesión del cerebro subcortical, en donde se presentaban las funciones vegetativas, humorales y nerviosas llevando a que el delincuente desencadenara inclinaciones criminales. Por otro lado, la herencia mórbida como consecuencia de la debilidad genética de los padres, se transmitía y ocasionaba a sus descendientes una enfermedad o anomalía que llevaba necesariamente al delito[42].

 

Un individuo era peligroso en ocasión a su animalidad y estaba propenso a delinquir por factores genéticos, sociales o mentales. El objetivo de este autor fue platear la eliminación de la conducta antisocial, anormal, enfocada desde la peligrosidad. De esta manera, entró en el estudio médico-biológico-antropológico, con la elaboración de un concepto básico: el de PROFILAXIS CRIMINAL, que se caracterizaba por dos aspectos el de responsabilidad penal y el estado de peligrosidad inherente al criminal. Se reemplazaron las nociones de castigo y arrepentimiento propio de la teoría de Bentham por las de rehabilitación médica[43]. Esta eliminación de la conducta peligrosa se trabajó en relación al estudio de “enajenados mentales” en donde se disponía para estos, un tratamiento que para el resto de delincuentes debería aplicárseles también, basados todos en la peligrosidad que representaban para la sociedad.

 

En esencia la teoría Lombrosiana se apoyó en el alto porcentaje de la delincuencia, obedeciendo estos índices de criminalidad a una detención del “desarrollo embrionario que dejaba al delincuente con caracteres propios de una condición menor a la humana en la escala zoológica”.[44]Con el intento de Lombroso de monopolizar la criminología para la biología y de que la medicina recibiera amplia atención en Europa, los problemas planteados por él, atrajeron a una gran cantidad de médicos y psiquiatras, quienes desplazaron a los jueces, abogados y autoridades penitenciarias. Gracias a estas teorías, los médicos se “tomaron el poder”.  Empezaron a acuñar una bibliografía que permitió explicar a la criminología como rama de la medicina, destacándose trabajos como los de Morel, Pinel, Esquirol, Gall, etc[45]. Así, Lombroso consolidó una aproximación histórica entre psiquiatría y derecho penal, a pesar de que él se definía como antropólogo criminal, dando paso al soporte histórico de su teoría.[46]

 

1.2.4 Enrico Ferri

 

Fueron los datos aportados por la ciencia, los que iniciaron el nuevo saber criminal, recibiendo el nombre de antropología criminal. La criminología positiva nació por el impulso de la antropología y solo después de una fase preparatoria por parte de Lombroso, habiendo este, reunido las observaciones realizadas y esparcidas en relación a los criminales,[47] se concretó la Escuela Positiva. Ferri en sus escritos nunca desconoció los aportes de Lombroso y en la mayoría de ocasiones dirigió las críticas que le hiciera a este con humildad. “Fue el encargado de extraer de la tesis LOMBROSIANA,  las consecuencias que este no había sacado de ella en orden al control social punitivo en cuanto ideología jurídica, intentando una curiosa armonización de SPENCER, DARWIN y MARX que, finalmente, le llevó a culminar su carrera científica como senador fascista, después de largos años de militancia socialista”[48].

 

1.2.4.1 La teoría Ferreriana.

 

Durante toda la vida intelectual de Ferri se le reconoció como la persona que sistematizó completa y coherentemente, la Escuela Positiva. Lo que más se destaca de este autor, fue el hecho de trasladar la ciencia del derecho penal de una consideración del delito como fenómeno particular en sí mismo, a la del delito como expresión de un aspecto necesario del mundo y en el cual todo converge en su negatividad. “No más derecho, no más antropología, no más psicología, sólo sociología criminal; o sea, no más el delito en relación con determinados fenómenos más o menos complejos de la vida social, sino el delito en relación con toda la vida y toda la realidad, en la cual se buscan, precisamente, las raíces profundas e infinitamente múltiples de la acción humana en general y de la acción delictiva en particular”[49].

 

En su libro de sociología criminal escrito en 1892, Ferri utilizó algunas ciencias y disciplinas de apoyo: la antropología y la estadística. En este libro señalaba, no alejándose mucho de la teoría Lombrosiana, que el criminal era un salvaje apartado de la civilidad[50] que no solo reproducía caracteres animales sino que también los conservaba por siempre. El criminal se encontraba en un estado de infantilismo permanente, así, era un delincuente nato, un individuo con instintos antisociales. El medio entonces daba la forma del delito, que tenía su base en el factor biológico[51].

El delito era el efecto de los factores psíquicos y sociales, y sí la condición biológica no bastaba por sí sola para cometer el delito,- debido a las condiciones favorables en que se encontraba-, la misma sociedad se ocupaba de estas anomalías biológicas en el campo pedagógico e higiénico, pero nunca en relación a lo legal. Este, fue un fenómeno social, pero también una manifestación biológica de uno o varios individuos, en donde era equivocado establecer que solo la causa del delito se localizaba en las causas sociológicas o biológicas, ya que uno y otro orden se hallaban en una unión “casi indisoluble”. [52]

 

Los factores del delito se podían establecer en tres órdenes: antropológico, físico y social:

“Los antropológicos son inherentes a la persona del delincuente y hacen referencia, en primer lugar, a la constitución orgánica (anomalías orgánicas, del cráneo y del cerebro, de las vísceras, de la sensibilidad y de la actividad refleja y todos los caracteres somáticos en general); en segundo lugar, a la constitución psíquica (anormalidad de la inteligencia y de los sentimientos) y, en tercer lugar, a las características personales (condiciones biológicas: raza, edad, sexo; condiciones biológico-sociales: estado civil, profesión, domicilio, clase social, instrucción y educación).[53] Los factores físicos o cosmotelúricos pertenecen al ambiente físico y son: el clima, la naturaleza del suelo, la alternancia diurna y nocturna, las estaciones, la temperatura anual, las condiciones meteorológicas, la producción agrícola. Finalmente, los factores sociales del delito resultarían del ambiente social y son, principalmente: la densidad de la población, las costumbres, la religión, la opinión pública, la familia, la educación, la producción  industrial, el alcoholismo, la estructura económica y política, el orden en la administración pública, la justicia, la policía y, por último, las leyes civiles y penales”[54].

 

Dentro de ese carácter antropológico existían unos determinantes psicológicos: la insensibilidad y la imprevisión moral. La primera era mucho más congénita que adquirida, revelándose en las prácticas de delitos sangrientos. La segunda hacía referencia a la ausencia de remordimientos después de haber cometido el delito. “A esta insensibilidad moral que constituye la primera causa del delito, como manifestación exterior de las tendencias individuales; se le une la imprevisión que se determina por una fuerza insuficiente de la asociación de ideas”[55]

 

De los resultados arrojados por las estadísticas y los análisis practicados[56], Ferri inició una clasificación un tanto parecida a la de Lombroso, pero dándole como ya se ha señalado, una especial preponderancia a los factores sociales.  Para el año 1880 publicó en la revista Archivo de Psiquiatría, Antropología criminal y ciencias penales para servir al estudio del delincuente, una clasificación del delincuente en cinco categorías: criminales locos; criminales natos; criminales habituales o por hábito adquirido; criminales por ocasión y criminales por pasión. Está clasificación, decía él, no se encerraba solo en el dominio técnico de la antropología criminal sino que debía servir de base positiva a las inducciones de la sociológica criminal.[57] 

 

EL DELINCUENTE LOCO[58] no podía tener una descripción general, debido a que sus caracteres orgánicos y sobre todo psico-patológicos cambiaban. Esto era originado, según Ferri, a que cada elemento del delincuente loco variaba con la enfermedad que padecía. De esta forma, tal como lo afirmaba Lombroso, no podían ser reunidos en una figura, como sucedía con las demás categorías de delincuentes. Existía un tipo de criminal loco, el loco moral conocido como aquel que padecía la imbecilidad moral, esta fue entendida como la ausencia o atrofia del sentido moral o para ser más exactos, una ausencia del sentido social. Era una enfermedad que a menudo se presentaba congénita y que coexistía con “una integridad aparente del razonamiento lógico y presentaba la condición psicológica del criminal nato”[59]. Estos eran los verdaderos locos.

 

Otro tipo de delincuente loco eran aquellas personas que “no estando ni completamente enfermos ni totalmente sanos, pertenecían a una zona intermedia”[60]. Eran los que cometían los crímenes más sangrientos, con una frialdad patológica, sin embargo “los criminalistas clásicos encontraban en ellos un máximum de “libertad moral” y de responsabilidad, cuando nos hablan de homicidios cometidos “sin causa” o simplemente por “perversidad brutal”, o por una suerte de “erotismo sangriento” o por “odio a la humanidad”.”[61]

 

EL CRIMINAL NATO[62] por su parte, fue aquel delincuente en el cual se observó de manera evidente los caracteres enunciados por la antropología criminal. Era un hombre salvaje, brutal y perezoso, “que no distinguía el homicidio, el robo, el delito en general de cualquier industria honrada”[63], era aquel que pensaba de la pena y delito lo opuesto a lo manifestado por los legisladores. Fueron hombres nacidos para el delito cuya conducta antisocial era un efecto inevitable de influencias hereditarias que terminaron siendo acumuladas a través de las generaciones.

 

LOS DELINCUENTES HABITUALES O POR HÁBITO ADQUIRIDO[64], presentaron de manera confusa las características de los delincuentes natos. Empezando a sobresalir determinados elementos, una vez cometido el primer delito. Con alguna frecuencia se dieron en una edad muy temprana y casi exclusivamente contra la propiedad, debido a las tendencias a la relajación moral y al medio “corrompido, verdadero centro de infección criminal”[65] adquiriendo el hábito crónico del delito y haciendo de este su verdadera profesión.[66]. Las características eran entonces, la precocidad y la reincidencia dentro del campo sociológico.

LOS DELINCUENTES POR ARREBATO PASIONAL o por pasión[67] terminaron por ser una variedad mucho más definida de los delincuentes por ocasión. Algunos elementos que los distinguieron, fueron el cometer atentados contra las personas. Eran homicidas, hombres y mujeres con un temperamento nervioso y una sensibilidad exagerada, a la inversa de los criminales natos y habituales. “Tienen en ocasiones un temperamento que participa del loco o del epiléptico y cuyo arrebato criminal puede ser una manifestación disimulada”[68]. Fueron personas que se dejaron llevar por la emoción antes, durante y después de cometido el delito y realizado, no a hurtadillas, sino abiertamente con los medios que pudieron encontrar.

 

Por último estaban los CRIMINALES DE OCASIÓN[69], ellos no tenían una naturaleza biológica o psicológica que los inclinaba activamente al delito, cayendo en él, por una serie de tentaciones que ofrecía el medio personal o físico en que se encontraban. Variando el medio, los delitos no aparecerían. La propiedad y las personas eran las que se veían más afectadas por estos delincuentes. Estos delitos fueron cometidos en forma individual y en nada se parecieron a los cometidos por los delincuentes natos o habituales.La diferencia fundamental con el criminal nato consistía en que para este último, el medio exterior era secundario comparado con la tendencia criminal interna, “que tiene de por sí, una fuerza centrifuga, por virtud de la cual el individuo es arrastrado a cometer el delito”[70]. El criminal de ocasión en cambio, tenía una debilidad por los estímulos exteriores que constituyeron el móvil para cometer el delito de manera determinante.

 

A parte de esta clasificación de los delincuentes, otro aporte de vital importancia, radicaba en lo que Ferri llamó los SUSTITUTOS PENALES. Para el año 1887 decía Ferri, que estos no establecían una responsabilidad del individuo culpable de la comisión de un delito, sino que se basaban en las propias características de su autor. “Son instituciones que se aplican al autor de un acto no por el carácter antisocial de este mismo acto y el grado de culpabilidad individual, sino porque la comisión de este acto antisocial traduce tendencias patológicas existentes en el individuo”.[71]

 

Fueron conocidos como LAS MEDIDAS DE SEGURIDAD. Cabe aclarar para finalizar, que este autor nunca distinguió entre imputables e inimputables, debido a que reemplazaba el concepto de culpabilidad de la Escuela Clásica por el de peligrosidad, entendiéndola como la relevante posibilidad de volverse autor de un delito[72].

“La consecuencia más importante que extrajo FERRI para su discurso jurídico fue la de que la función del sistema penal debía ser la defensa social llevada a cabo mediante "medidas" nombre con el cual rebautizaba a las penas y les ocultaba su carácter doloroso y sus límites que no debían reconocer otro criterio limitativo que la "peligrosidad del autor". Como esta "peligrosidad" era natural y podía reconocerse antes de que el sujeto cometiese cualquier delito, era posible imponer estas penas sin necesidad de esperar la comisión de un delito, lo que generó todo un movimiento de leyes de "peligrosidad sin delito" aplicadas arbitrariamente a cuanto marginado fuese considerado como fastidioso o incómodo”[73]

 

1.2.5 Rafaele Garófalo

 

Rafael Garófalo terminó ejerciendo la justicia que Ferri y Lombroso rechazaron. Este personaje abogó por un sistema verdaderamente duro en donde el delito natural se deducía de los análisis que había hecho de los sentimientos de los delincuentes[74]. Se encargó de poner mayor énfasis en el aspecto psicológico. “Buscó una definición de delincuente que alcanzará a todas aquellas acciones que debían ser consideradas como un ataque a las condiciones de vida de una sociedad y a las que pudiera responderse con la pena”.[75] Los criterios de la antropología criminal fueron sometidos por Garófalo a una revisión general y ya en 1885, fecha de la primera edición de su libro Criminología, aquéllos aparecen reducidos a simples criterios subsidiarios[76]. “GARÓFALO directamente construyó una ideología idealista muy burdamente disfrazada de "ciencia", que es la mejor síntesis de racionalizaciones para todas las violaciones de derechos humanos que se haya escrito a lo largo de la historia y quizá parcialmente superada solo por algunos autores nacionalsocialistas”[77].

 

1.2.5.1 La teoría Garofaliana.

 

La concepción de Garófalo era llegar al análisis de sentimientos de los hombres delincuentes. Estos sentimientos que debían estudiarse, eran los de piedad y probidad, como sentimientos lesionados de carácter altruista en la sociedad. Para Zaffaroni, el delito natural de Garófalo era la vuelta al idealismo Platónico, en donde este último se percibía como una evidencia innegable del relativismo valorativo, “que no existe conducta que no haya sido considerada como criminal”.[78]Así, el delito natural era un hecho psicológico inconfundible con cualquier otro. “El delito social o natural es una lesión de aquella parte del sentir moral que consiste en los sentimientos altruistas fundamentales (piedad y probidad) según la medida que se encuentra en las razas humanas superiores, medida que es necesaria para la adaptación del individuo a la sociedad”[79]

 

Esos sentimientos lesionados no solo perjudicaron a las personas más importantes de la sociedad, jueces, abogados, médicos, sino que también causaron daño a la gente media que componía la sociedad. Ese sector medio de la sociedad era el que permitía la adaptación del individuo después de pagar su condena. Si se producía una tajante violación a estos sentimientos, se encontraría el delito natural[80]. El autor propuso una escala de valores que representaba los valores de la civilización superior, pero aquel que atentara en contra de esta escala, debía morir, en caso de que no le fueran aplicadas otras medidas[81].

 

El delincuente poseía una anomalía psíquica o moral que era distinta de la enfermedad mental. Era una variación psíquica que terminaba por transmitirse por vía hereditaria, apareciendo de forma frecuente entre los miembros de razas inferiores, a diferencia de las modernas civilizaciones como la europea. Estas culturas que no compartían las pautas valorativas de una sociedad dada, eran consideradas “tribus degenerativas” que se apartaban de la “recta razón” de los pueblos superiores de la humanidad.[82] América y África fueron consideradas por Garófalo como unas tribus degeneradas sin historia. “Su desprecio al colonizado le permite afirmar que hay pueblos que desempeñan en el concierto de las naciones civilizadas el mismo papel que los criminales " natos" en las sociedades centrales, como también que en estas el delincuente debe ser considerado como un enemigo interno de la sociedad, del mismo modo que el enemigo externo es el soldado extranjero en la guerra”[83]

 

Sí Ferri inauguró el concepto de peligrosidad, con Garófalo apareció el concepto de temibilidad del delincuente. Esta doctrina de la temibilidad constante y activa del delincuente permitió predecir el mal que de él podía esperarse. Mezclando la concepción de defensa social Ferreriana, decía que se teme a alguien porque ese alguien es peligroso y por tanto, la temibilidad es consecuencia de la peligrosidad.[84]  La temibilidad “es la perversidad constante y activa del delincuente y la cantidad del mal previsto que hay que temer por parte del mismo delincuente”[85]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Notas:

[1] Marcela Parada Gamboa es abogada de la Universidad Industrial de Santander, auxiliar docente durante tres años en la misma universidad. Actualmente se desempeña como investigadora independiente con varios proyectos a ONGS.  Email: marcelaparadaga@gmail.com

[2] FERRI. Enrico. Sociología Criminal… Op. Cit., P 2. “El positivismo con su clasificación de las ciencias que da lugar al nacimiento de la forma contemporánea de la criminología (como hija de la biología, la psicología y la sociología), también es una pretensión del grupo dominante  que entonces es la burguesía europea y  a nivel mundial, el imperio británico por dominar  un deber ser del ser, pero ya no era un deber ser en función de una naturaleza preceptiva (ya lo natural no era natural porque se ajustaba al deber ser) sino de una naturaleza descriptiva (lo natural era natural porque se ajustaba el ser)” Resulta entonces muy ingenuo plantear la unidad criminológica y el carácter científico de la misma en donde se  deja el planteamiento filosófico”. Ver: ZAFFARONI, Raúl Eugenio. Criminología. Aproximación desde un margen. Bogotá: Temis, 1988. P 12

[3] Ibíd. P .5

[4] JIMÉNEZ DE ASÚA. Luis. Tratado de derecho penal.  Buenos Aires: Losada S.A. 1957. P 57. Citado por DEL OLMO, Rosa. América Latina y su criminología. Siglo XXI: México, 1981. P 26

[5]  ZAFFARONI. Eugenio, Raúl. Manual de Derecho Penal. México: Cárdenas editores, 1988. P. 248

[6] SOTOMAYOR. Juan, Roberto. Inimputabilidad y sistema penal. Bogotá: Temis. 1996. P. 45

[7] FERRI. Enrico. Sociología Criminal... Op. Cit., P .10

[8] DEL OLMO. Rosa. Criminología… Op. Cit. P.24

[9] “La penalidad perfecta que atraviesa todos los puntos y controla todos los instantes de las instituciones disciplinarias compara, diferencia, jerarquiza, homogeniza, en una palabra normaliza” P 188. VER: FOUCAULT. Michel. Vigilar y Castigar. Siglo XIX: México, 1998. P. 196

[10] DEL OLMO. Rosa. Criminología… Op. Cit.  P .30

[11] ZAFFARONI. Raúl Eugenio. Manual de Derecho Penal… Op. Cit. P. 249

[12] ZAFFARONI, Raúl Eugenio. Criminología. Aproximación… Op. Cit. P.66

[13]“Los delirios BIOLOGISTAS predarwinianos de GOBINEAU y de MOREL, y los posdarwinianos y spencerianos de VACHER DE LAPOUGE y de CHAMBERLAIN, cristalizaron en una "ciencia" inventada por los ingleses y que se conoce como "eugenesia", que se dedicó a estudiar la "herencia" biológica e los "hombres superiores", de los genios", para programar una sociedad en la cual se creasen las condiciones para la producción de "genios” Ibíd. P. 155

[14] CARDONA, Hilderman. “La antropología criminal en Colombia. El rostro del criminal revela su conducta anormal" en MÁRQUEZ. Jorge. CASAS, Álvaro  y otros  Higienizar, medicar y gobernar. Historia de la medicina y sociedad en Colombia. Medellín: La carreta editores. Grupo de investigaciones historia de la salud. Universidad Nacional, sede Medellín. 2004. P 204 “Medicina y derecho se articulan en un dispositivo de saber poder y de aprobación diferencial del Darwinismo social Spenceriano y el eugenismo de Galton, lo cual permitirá una ideología racista” Ibíd. P 206

[15] ZAFFARONI. Raúl Eugenio. Manual de Derecho Penal… Op. Cit. P. 250

[16] FOUCAULT. Michel. Los anormales. México: Fondo de Cultura Económica. 1999. P. 41

[17] ZAFFARONI. Eugenio, Raúl. Manual de Derecho Penal… Op. Cit. P. 250

[18] FOUCAULT. Michel. Genealogía del Racismo. La Guerra de las razas al racismo de Estado. Madrid: Edit. La piqueta. 1992. P 73

[19] Ibíd. P 90

[20] DEL OLMO. Rosa. Criminología… Op. Cit., P 34. “Para comprender la importancia que adquirió la escuela positiva italiana en esos momento, es fundamental relacionar el problema de las dos Italias, (…) Se puede afirmar que era el salvador ideológico apropiado” para justificar tan grandes divisiones. Ver: DEL OLMO. Rosa. Criminología… Op. Cit. P. 35

[21] MIRALLES. Teresa. Segunda Parte. Planteamientos criminológicos. Patología criminal: aspectos biológicos. En: El pensamiento criminológico I. Un análisis crítico. Bogotá: Temis: 1985. P. 51

[22] CARDONA, H. ob. cit. p. 205

[23] FOUCAULT. Michel. Los anormales… Op. Cit.  P. 41

[24] CARDONA, H. ob. cit. p 206. Ver discusión P 201-209. Para Foucault, la perversión permite el desarrollo del discurso médico, en tanto que la peligrosidad se funda en la teoría medico-judicial. Es en este núcleo de perversión en donde fundamentalmente se constituye un discurso entre dos instituciones de poder: la médica y la judicial. Este discurso se desarrolla en aras de un componente de moralidad, un discurso del padreo al hijo, de la moralización misma del niño. Es una descalificación, “un discurso del miedo que descalifica al delincuente cuando habla en el tribunal (…). Ese lenguaje balbuceante, que es la pericia, funciona como trasmisor de la institución judicial a la institución médica, de los efectos de poder, a través de la descalificación de quien hace la unión” FOUCAULT. Michel. Los anormales… Op. Cit.,  P 42

[25] El verdadero nombre de CESARE LOMBROSO ERA EZEQUIEL MARCOS según JIMÉNEZ DE ASÚA. Ver: JIMÉNEZ DE ASÚA. Luis. Lombroso. Buenos Aires: Editorial La Universidad, 1944. P 16

[26] Para el año 1859 publica el Cretinismo en Lombardía.

[27] JIMÉNEZ DE ASÚA. Luis. Lombroso. Buenos Aires: Editorial La Universidad, 1944. Pp. 10-94

[28] Ibíd. P 95

[29] Ver: AGUDELO. Betancur, Nódier. Grandes Corrientes del derecho penal. Escuela Positiva (Introducción a la lectura de César Lombroso, Rafael Garófalo y Enrique Ferri.) Santafé de Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 1991.

[30] Para ver información al respecto consultar: ANZIT. Guerreo, Ramiro. El positivismo biológico en ‘la sociedad y el delito’ (1947) de José Belbey. En: Derecho Penal Online revista electrónica de doctrina y jurisprudencia en línea. Año: 2006 Mes: noviembre.  

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http://www.derechopenalonline.com/derecho.php?id=15,261,0,0,1,0 ZAFFARONI, Raúl Eugenio. Criminología. Aproximación desde un margen. Bogotá: Temis, 1988. DEL OLMO, Rosa. América Latina y su criminología. Siglo XXI: México, 1981. CARDONA. Rodas, Hildemar. “La antropología criminal en Colombia. El rostro del criminal revela su conducta anormal. En: MÁRQUEZ. Jorge. CASAS, Álvaro. Y otros. Higienizar, medicar y gobernar. Historia de la medicina y sociedad en Colombia. Medellín: La carreta editores. Grupo de investigaciones historia de la salud. Universidad Nacional, sede Medellín. 2004

[31] DEL OLMO, Rosa. América Latina y su criminología… Op. Cit. P. 65

[32] ZAFFARONI, Raúl Eugenio. Criminología. Aproximación desde… Op. Cit. P. 160

[33] Ibíd. P .165

[34] JIMÉNEZ DE ASÚA. Luis. Lombroso… Op Cit. P. 64

[35] LOMBROSO. César Los criminales. Barcelona: Centro editorial Presa. S.F. P 11

[36] Ibíd.  13.  JIMÉNEZ DE ASÚA en palabras de Lombroso explica: “Así  las enormes mandíbulas, y los grandes arcos cigomáticos y las arcadas superciliares tan salientes, los pliegues palmares únicos, la mayor amplitud de la órbita, las orejas en asa que se encuentran en los criminales como en los salvajes y en los simios, y la insensibilidad dolorífica, la gran agudeza visual, el tatuaje, la pereza, el amor a la orgía, la necesidad del mal por el mal, la necesidad de matar acompañada de ferocidades sobre la víctima: de heder los cráneos y de beber la sangre”. JIMÉNEZ DE ASÚA. Luis. Lombroso… Op Cit. P. 65

[37] Ese concepto de LOCURA MORAL es trabajado con BASE EN LA EPILEPSIA, que posteriormente le serviría para escribir un libro en relación al nacimiento de los hombres genios en el mundo. Para el año de 1878 el SOLDADO MISDEA da muerte a 8 personas lo que llevaría a Lombroso a estudiar este comportamiento. En palabras de JIMÉNEZ DE ASÚA podemos prefigurarnos el pensamiento Lombrosiano. “Esta trágica criatura no solo integraba el tipo más feroz del homicida, sino que presentaba los más claros fenómenos de clásica epilepsia hereditaria en su familia”. Ibíd.  Es con el estudio de este hombre que Lombroso se convence de la etiología epiléptica del delito y la identificación del loco moral. Para el año 1888 publica un trabajo titulado: Misdea.

[38] MIRALLES. Teresa. Segunda Parte. Planteamientos criminológicos… Op. Cit.  Pp. 56-58

[39] AGUDELO. Betancur, Nódier. Grandes Corrientes del derecho penal. Escuela Positiva… Op. Cit. P .66

[40] Aunque para AGUDELO: “La clasificación sostenida por Ferri no es la misma sostenida por Lombroso. En efecto: la clasificación del primero es sobre todo una clasificación sicológica: según esta las causas que puedan conducir al delito son o bien endógenas impulso psíquico-fisiológico; bien exógenas: condiciones ambientales. Ferri no remite ni al atavismo, ni a la epilepsia Lombrosiana, o si los hace no les da la trascendencia que les da el primero” Ibíd. P .31

[41] Ibíd. P. 68

[42] MIRALLES. Teresa. Segunda Parte. Planteamientos criminológicos… Op. Cit.  Pp. 56-57

[43] Ibíd. P 63

[44] ZAFFARONI. Eugenio, Raúl. Manual de Derecho Penal… Op. Cit. P 250

[45] TAYLOR. Ian. WALTON, Paul. YOUNG, Jock. La nueva criminología. Contribución a una teoría… Op. Cit. Pp. 56-58

[46] BRAVO, Omar Alejandro. La ficticia figura psiquiátrico-penal del “loco peligroso”. En: Revista Electrónica de Psicología Social «Poiésis» ISSN 1692-0945.  Nº 16 - Diciembre de 2008. Disponible en: http://www.funlam.edu.co/poiesis

[47] FERRI. Enrico. Sociología Criminal... Op. Cit. P. 48

[48] ZAFFARONI, Raúl Eugenio. Criminología. Aproximación desde… Op. Cit. P. 166
 
[49] BERGALLI. Roberto. Perspectiva sociológica: sus orígenes. En: El pensamiento criminológico I. Un análisis crítico. Bogotá: Temis: 1985. P .94

[50] FERRI. Enrico. Sociología Criminal... Op. Cit. P. 53

[51] Ibíd.

[52] Ibíd. Pp. 92-100

[53] “Los factores sociales preponderan los atentados contra la propiedad, los biológicos contra las personas y los otros concurren en la determinación de cada delito”. Ibíd. P 89

[54] BERGALLI. Roberto. Perspectiva sociológica: sus orígenes. En: El pensamiento... Ob. Cit. P 95

[55] FERRI. Enrico. Sociología Criminal... Op. Cit. P .61 

[56] “ Por esto la estadística de la reincidencia general  y la de las diferentes especies de los delitos confirma de nuevo de una manera indirecta, la observación según la cual sólo sobre el número total de aquellos que cometen delitos, presenta una parte estas anomalías individuales que la antropología criminal ha comprobado” Ibíd. P .158

[57] Ibíd. P .165

[58] “En estos sujetos el delito es el resultado de la combinación de la enfermedad mental y la atrofia del sentido moral, caracterizada por la falta de repugnancia frente a la idea y a la acción delictuosa” AGUDELO. Betancur, Nódier. Grandes Corrientes del derecho penal. Escuela Positiva… Op. Cit. P. 29

[59] FERRI. Enrico. Sociología Criminal... Op. Cit. P. 167

[60] Ibíd. P .168. Para Lombroso eran los denominados Mattoides.

[61] Ibíd.

[62] “Con inteligencia común y más bien inferior a la común. Tiene, en cambio una voluntad anormal: es impulsivo y obra de manera precipitada por motivos desproporcionados en relación a la gravedad de delito; acusa falta o debilidad del sentido moral. En ellos la tendencia es criminal es el efecto casi exclusivo de sus condiciones de anormalidad físico-psíquica y el medio social o ambiental es apenas una ocasión. Son los más peligrosos y tienen la notas de la precocidad y la incorregibilidad” AGUDELO. Betancur, Nódier. Grandes Corrientes del derecho penal. Escuela Positiva… Op. Cit. P. 28

[63] FERRI. Enrico. Sociología Criminal... Op. Cit. P .170

[64] “Estos delincuentes están propensos a la reincidencia y tiene muy poca readaptabilidad a la vida social. Con taras somáticas y psíquicas, derivadas del medio de miseria material y moral en que ha nacido y vive, comienzan cometiendo pequeñas faltas; luego, a causa de la mala influencia de las cárceles, recae obstinadamente en el delito. A veces hace del delito un modo de vida una empresa o verdadera industria criminal”. AGUDELO. Betancur, Nódier. Grandes Corrientes del derecho penal. Escuela Positiva… Op. Cit. P. 29

[65] FERRI. Enrico. Sociología Criminal... Op. Cit., P 172

[66] “La prisión celular les ha embrutecido, el alcoholismo les ha trastornado y la sociedad abandonado. Un abandono a la miseria, a la ociosidad y a las tentaciones, no les ha ayudado a luchar para volver a las condiciones de una vida honesta, quizás hasta les ha hecho caer de nuevo forzosamente en el delito, por ciertas instituciones que debiendo ser preventivas, no son por el contrario nuevas causas del delito, como el domicilio obligatorio, la amonestación, la sumisión a la vigilancia de la autoridad” ibíd.

[67] “Es el sujeto que obra movido por una pasión social. Estos delincuentes presentan antecedentes intachables, edad juvenil, motivo proporcionado, ejecución del delito en estado de conmoción, de manera abierta y sin cómplices, muchas veces se presentan luego ante la autoridad de manera espontanea, a veces por sus grandes remordimientos los lleva al suicidio subsiguiente; por lo regular el sujeto no reincide; si son condenados presenta una conducta excelentes en la prisión” AGUDELO. Betancur, Nódier. Grandes Corrientes del derecho penal. Escuela Positiva… Op. Cit. P 30

[68] FERRI. Enrico. Sociología Criminal... Op. Cit., P 172

[69] “Aquí juega un papel importante las circunstancias ambientales: provocación injusta, necesidad familiar o personal, facilidad en la ejecución, conmoción publica etc. Aunque presenta también al igual que otros delincuentes cierta disposición al delito, está no se concretaría si no fuese por esas circunstancias del entorno. Es irreflexivo e imprevisivo y tiene una voluntad débil. Sus delitos no son generalmente demasiado graves” AGUDELO. Betancur, Nódier. Grandes Corrientes del derecho penal. Escuela Positiva… Op. Cit. P 29

[70] FERRI. Enrico. Sociología Criminal... Op. Cit. P. 183

[71] MIRALLES. Teresa. Segunda Parte. Planteamientos criminológicos… Op. Cit.  P. 64

[72] ZAFFARONI. Eugenio, Raúl. Manual de Derecho Penal… Op. Cit. P. 252

[73] ZAFFARONI, Raúl Eugenio. Criminología. Aproximación desde… Op. Cit. P .166

[74] RIVERA, Beiras, Iñaki. La política criminal de las escuelas del pensamiento criminológico. Intentos integradores y lucha de escuelas. En: Política Criminal y sistema Penal. Viejas y Nuevas Racionalidades punitivas. Barcelona: Anthropos, 2005. P. 48

[75] ABADÍN. Catalina. La imagen del delincuente en la escuela clásica y en la escuela positiva. Escuela superior de derecho. Universidad Nacional Del Centro Provincia De Buenos Aires. P 10. Disponible en Internet: http://www.cartapacio.edu.ar/ojs/index.php/ctp/article/viewFile/58/63

[76] BERGALLI. Roberto. Perspectiva sociológica: sus orígenes. En: El pensamiento... Op. Cit. P .103

[77] ZAFFARONI, Raúl Eugenio. Criminología. Aproximación desde… Op. Cit. P.168

[78] ZAFFARONI. Raúl, Eugenio. Manual de Derecho Penal… Op. Cit. P. 254

[79] GARÓFALO. Rafael. La criminología. Estudio sobre el delito y sobre la teoría de la represión, trad. Pedro Dorado Montero, Madrid: S.F, S.P. Tomado de: BERGALLI. Roberto. Perspectiva sociológica: sus orígenes. En: El pensamiento... Op. Cit. P 102

[80] BERGALLI. Roberto. Perspectiva sociológica: sus orígenes. En: El pensamiento... Op. Cit. P 103

[81] ZAFFARONI. Raúl, Eugenio. Manual de Derecho Penal… Op. Cit. P. 254

[82] ABADÍN. Catalina. La imagen del delincuente en la escuela clásica Op. Cit. P 11

[83] ZAFFARONI, Raúl Eugenio. Criminología. Aproximación desde… Op. Cit. P. 166

[84] Ibíd.

[85] AGUDELO. Betancur, Nódier. Grandes Corrientes del derecho penal. Escuela Positiva… Op. Cit. P. 14

 



Texto incorporado el: 2010/10/01. Revista de actualización permanente. Se recomienda citar: Apellido, Nombre. "Título del trabajo" en Revista electrónica Derecho Penal Online [en línea]. Disponible en: http://www.derechopenalonline.com

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